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El Quijote Capítulo XI

De la caballería andante se puede decir lo mismo que del amor se dice: que todas las cosas iguala.

 

A quien se humilla, Dios le ensalza.

 

La ley del encaje: Juzgar el juez a su arbitrio, sin tener en cuenta lo dispuesto por las leyes.

La orden de los caballeros andantes se instituyó para “defender doncellas, amparar viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos”.

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