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El significado de ser una mujer poeta en el Chile de hoy (discurso en el lanzamiento del poemario “Par de dos”, de Eleonor Concha).

El significado de ser una mujer poeta en el Chile de hoy (discurso en el lanzamiento del poemario “Par de dos”, de Eleonor Concha).

 

recital

 

“Santiago, 13 de Septiembre de 2016

Mi amiga Leo me ha pedido que hable sobre lo que significa ser una mujer poeta en el Chile de hoy.

Para cumplir con tal misión, he recurrido al diccionario de la Real Academia Española, que dice que la poesía es la “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa.”.

Y ya se pone complicada la definición, y mi subsecuente discurso, porque tanto en verso como en prosa, concuerdan los entendidos, hay poesía.

Y para despejar dudas, sigo estudiando, y las profundizo no obstante, porque se dice que “poeta” y “poetisa” son personas que escriben poesía. Es decir, algo contrario a lo que entendía en la niñez, donde primero me dijeron poetisa, por mi sexo.

¿O es que este arte de expresar belleza, cual su madre Safo, compara besos de hombres y mujer, y sólo se queda con los que más le gustan?

Poetisa Huidobro, Poeta María Monvel, Poeta Gabriela Mistral, quizás sean los vates los que me rescaten de los cantos ambiguos a los que me llevan las palabras.

Porque la vate es poetisa; y el adivino, un poeta, que descifra conjeturas o enigmas. Los enigmas eternos que desvelan al hombre y a la mujer: naturaleza, muerte, amor, dolor, pasión, odio, soledad, ausencia…

Entonces, me pregunto, ¿acaso la poesía no es sólo esto? ¿la oportunidad de conectarnos con ciertos misterios y empujarnos hacia los abismos?¿Misterios que descansan en las profundidades del yo, donde el ego no existe, y no hay maniqueísmo entre el ser y el Universo (y universo ahora me canta como el único verso, la Gran Palabra…)?

Una obra poética, intuyo…(fluyo),  no tiene circunstancia espacial, ni época, menos autor. Y defino poesía entonces como “un conjunto de palabras que trasciende el lenguaje”; juegos del Dios-Habla que pueden encantar en la forma de sonidos salvajes y llenos de métrica; o aparentar ser sencillos, si los lees una vez; e irradiar complejidad mirados desde otros ángulos.

En la poesía, encontramos significados sensibles, y a la vez envueltos en rimas que cortan nuestra alma con ritmos punzantes, como lo hace Gabriela Mistral.

Y esa poesía que arrulla el alma como la canción de rimas ancestral que nos conecta con la tierra y con el cielo, me parece patrimonio de la humanidad, el bien que pertenece a todos.

Así que amigos, presentes y ausentes, vates de siempre y de nunca, hoy no he hablado de nada.

La belleza los sorprenderá allí donde la encuentren”

 

Maritza Castro Frías

 

Eros y Psique: cuando el amor erótico se funde con el alma, surge el PLACER

Eros y Psique: cuando el amor erótico se funde con el alma, surge el PLACER

eros y psique

Una historia con muchos elementos, que parte con los celos de Afrodita, que manda a su hijo Eros a matar a Psique, la hermosa, con una flecha. Pero éste, apenas la ve, se enamora y lanza la flecha al mar, llevándosela en un dudoso secuestro a su palacio (vean la actitud de Psique en el cuadro; claro que ella se supone que no le ha visto la cara al dios). En palacio, temeroso de la furia de su madre, la esconde y ama de noche, sin revelar su rostro ni identidad. Noche tras noche son felices en sus encuentros amorosos, llenos de pasión y ternura. Con el tiempo, ella le pide ver a sus hermanas, a quienes extraña mucho. Él se lo permite, mas advierte que celosas, tratarán de destruir su felicidad…

Las hermanas de Psique, muertas de envidia, le preguntan por su marido. Psique, al principio evade, pero termina por reconocer que no conoce su identidad. “Es un monstruo”, le dicen. “Sólo un ser vil y horrible ocultaría su rostro así”. Cuando regresa, Psique, curiosa y desconfiada, con una lámpara de aceite,antes del amanecer, ilumina el rostro de su amado Eros,  quien solía dormirse después de hacerle el amor. Maravillada, queda sin aliento al contemplar la belleza divina de su amante, el dios del amor, nada menos. En su asombrada distracción, deja caer sin darse cuenta una gota de aceite hirviendo sobre el rostro de Eros, que lo despierta y al descubrir que ella ha faltado a su promesa, la abandona, furioso y decepcionado.

Psique, desesperada, recurre a Afrodita, suplicándole que la ayude. La suegra, aún molesta con Psique (no olvidemos que la había mandado asesinar), le impone cuatro duras pruebas, incluído un viaje al Hades, en el que debe pedirle prestada un poco de belleza a Perséfone. Alguien secretamente la ayuda a pasar por el Cancerbero y pagar la tarifa del Barquero en esa travesía. Tengo sospechas fundadas sobre la identidad de ese ayudante misterioso, que no se dejó ver. Pero el mito también prefirió escribirse así. Y yo, por tanto, no diré quién sospecho fue el que la acompañó sin mostrar su rostro por ese amargo recorrido, impidiendo que se perdiera o fuera devorada por el perro de tres cabezas.

Psique logra que Perséfone le de algo de su belleza. En su desolación, abre la caja pensando  que tal vez con ese encanto adicional pueda recobrar a Eros. Pero ¡oh no!:  En la caja viene el sueño de Estigio.  Ella cae en ese sueño sin más. Y ése probablemente hubiera sido el triste fin de Psique sino fuera porque Eros, quien probablemente seguía de cerca todo lo que le acontecía, reaparece en escena, la cura de ese sueño (no olvidemos que es un Dios) y la perdona.

Finalmente, la pareja se reconcilia, y se casan, esta vez en una fiesta llena de alegría, en la que incluso Afrodita baila. A Psique, Zeus la transforma en diosa. El matrimonio pronto tiene una hija, y la llaman Placer…

¡Sí!: Placer…

Cuando el amor erótico se funde con el alma, surge el placer…

Semillas

Semillas

semila

Hace algunos meses, hablé de las semillas, de los misterios de la vida y las cosas que florecen en nuestras vidas. La semana pasada, como una niña, me divertí alcanzando una semilla de diente de león, que en mi infancia, llamaba “carta”. La gracia de estas “cartas” consistía en que mientras volaban, se habían de atrapar con los dedos para recibir buenas noticias; mientras la alcanzaba, recordé mis intentos de atraparlas con la fe de la niñez, y me divertí imaginando que atraería una excelente novedad. Tal vez este gesto en nada se relaciona con la semilla que germinó, o tal vez sí.

 

 

“Crecer con autismo Los mundos de Pilar”, de Ana María Ibarra (RIL, Santiago, Chile, 2012)

“Crecer con autismo Los mundos de Pilar”, de Ana María Ibarra (RIL, Santiago, Chile, 2012)

Crecer con autismo

No sin emoción, evoco los dos momentos en que he estado de cerca con este libro. El primero, allá a principios del 2010. Era yo alta asesora en Justicia, ganando mi salario más alto que yo recuerde, flamante madre de tres niños, próspera en lo material, cuando mi amiga Anita María me pidió que leyera su manuscrito. Costó dejar de lado el trabajo extra que me exigía el implacable ritmo de mis responsabilidades en el Ministerio, también costó seguramente optar por leer ese manojo de hojas frente a las demandas domésticas de niños cercanos a dos años y una mayor de casi cuatro. Recuerdo que tuve que optar por leerlo antes que cumplir con estos deberes profesionales y familiares, en una etapa de mi vida que estaba llegando también a su fin por mi parte. En fin, inserta en una alocada vorágine, revisé el texto de mi amiga con estricta metodología, editando como solía hacerlo al revisar el trabajo de tantos profesionales que llegaba a mi escritorio, para darle perfección, infalibilidad, elegancia y la prueba desde todo punto de vista legal que pudiera yo imaginarme. Pude hacerme un espacio para decirle a mi amiga que “tenía que sacar el libro”, que me había encantado escuchar la voz de una mujer profesional, representante de la clase media chilena. Una voz que -insisto- cuesta tanto leer en esta sociedad, donde una callada aristocracia femenina nos saluda a lo más con recetas de cocina y unas socialistas bastante acomodadas nos hablan de las necesidades del pueblo mientras viajan a sus fundos o chalets del brazo de prósperos políticos y sus familiares. En fin, intelectualmente leí ese manuscrito el año 2010. Hoy Ana María viene a Santiago en uno de sus tantos viajes por el mundo, y hemos disfrutado con nuestros hijos una tarde con helados y piscina. Se va. Y luego se devuelve, y me pasa su libro, ahora finamente publicado, y dedicado. En esta visita, le he hablado de mi vida de divorciada, ahora desde otro extremo, la parte en que el pasado traga los embates de mi divorcio, y surgen los primeros brotes de mi nuevo desarrollo profesional, esta vez como independiente, y renacen también en mí oportunidades a nivel personal.  Leo el libro “Crecer con autismo” y reconozco a mi amiga, pero me impresiona no haber visto todo su sufrimiento. Recuerdo haberla acompañado: sí; estuve con ella. Pero en esa época yo no era mamá. Sólo ahora he podido empatizar con su narración. Sólo ahora he imaginado los ojos de los profesionales comprometidos y los que no en el diagnóstico y tratamiento de su hija. También he podido notar cómo mi amiga con prudencia omite hablar de su primer marido, pero noto en los pocos comentarios que hace de su actual pareja el abismo sustancial que significa el apoyo y protección del hombre correcto para pasar un difícil trance. Y sí, esto lo escribe una feminista. Me llamó la atención la naturalidad conque Ana María cuenta la recepción de una fuerte noticia en avanzado estado de gravidez, sin que la acompañara su pareja de entonces. Quiero cuestionar eso. Quiero decir que la crianza no surge de la partenogénesis en la actualidad en Chile.  Que los padres y maridos no están ahí para tener relaciones sexuales en la noche, o el fin de semana y sentarse en el sofá a tomar cerveza estilo Homero Simpson, cuando ambos padres trabajan y cumplen un horario. Menos cuando hay una enfermedad que afecta a un hijo. Gracias a Dios cada día voy encontrando hombres más sofisticados o menos básicos. No obstante, quiero detenerme y cuestionar esta actitud masculina que incluso a veces se hace invisible por el propio celo maternal. Incluso, si a una mujer, por horario, por división del trabajo, le correspondiera asumir estos desafíos en caso de enfermedad de un hijo, al menos el hombre debería cooperar con protección, empatía y contención hacia esa mujer: su compañera. Anita jamás criticó esto, a lo mejor ni siquiera se lo planteó, dado que el objetivo de su libro es otro. Aún así, insisto, quiero detenerme en esto y hacer ver que en situaciones difíciles no basta la conocida y casi infalible respuesta y capacidad de reacción de la mujer chilena, especialmente la que pertenece a la clase media trabajadora. Esta mujer también requiere un apoyo en su amante y compañero, un apoyo que trasciende lo material. También me impacta la diferente respuesta de la sociedad chilena y la norteamericana frente a la enfermedad de Pilar. En Chile, la madre vaga entre lo esotérico y lo conocido para asertar en el tratamiento de su hija. En Estados Unidos, el problema no se ve cómo perteneciente a una familia, sino a la sociedad. Se juntan expertos, con respeto a los padres (a la madre y padrastro para ser más específica),  discuten qué es lo mejor para esta niña que tiene un autismo de severidad media, discuten tanto que ni siquiera se ponen de acuerdo entre los profesionales sobre las mejores opciones de educación para Pilar. Y sucede algo fantástico, los progresos de la niña al poco tiempo obligan a cambiarla de programa, para estar en uno más ad hoc al nivel de desarrollo alcanzado. Y en esto quiero criticar el sistema educacional chileno, que tan míopemente, signo de los traumas nacionales, como el resentimiento económico, casi sólo se analiza desde el punto de vista de -en términos simplistas- “la educación del rico versus la del pobre”. ¿Y qué hay de los niños con necesidades especiales de educación? ¿Estos seguirán siendo ignorados? Sinceramente espero que no, que la reforma a la educación que tanto se espera en estas latitudes incorpore a todos los niños que pudieran ser diagnosticados dentro del amplio espectro autista.

Finalmente, termino esta peculiar recensión, diciendo que me siento muy orgullosa de mi amiga, que me arrepiento de no haber comprendido mejor su sufrimiento cuando estuvo en Chile, y que me alegra infinitamente que ella notare mi amistad y mi apoyo incluso “complicidad”, en sus propias palabras para acompañarla en las vueltas y derroteros  de su vida.  Ella misma me ha acompañado en las vueltas y derroteros de mi propia vida con una amistad, lealtad  y generosidad grandiosas, sin las cuales probablemente mis experiencias perderían la perspectiva que su mente siempre lúcida y asertiva ha sabido iluminar.

¡Gracias Anita María por el pilar de tu amistad!

El Quijote: capítulo XIII

El Quijote: capítulo XIII

No puede ser que haya caballero andante sin dama, porque tan proprio y tan natural les es a los tales ser enamorados como al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no se haya visto historia donde se halle caballero andante sin amores; y por el mesmo caso que estuviese sin ellos, no sería tenido por legítimo caballero, sino por bastardo, y que entró en la fortaleza de la caballería dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón.

 

Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta o no de que el mundo sepa que yo la sirvo; sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser princesa, pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas; que sus cabellos son de oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, su frente rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas.

El Quijote Capítulo XI

El Quijote Capítulo XI

De la caballería andante se puede decir lo mismo que del amor se dice: que todas las cosas iguala.

 

A quien se humilla, Dios le ensalza.

 

La ley del encaje: Juzgar el juez a su arbitrio, sin tener en cuenta lo dispuesto por las leyes.

La orden de los caballeros andantes se instituyó para “defender doncellas, amparar viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos”.

Tweets?

Tweets?

 Maritza Castro Frías

@MaritzaVCastro

Abogada y escritora. Interesada en la actualidad y su familia.-

 

http://myspace.wihe.net/que-es-un-tweet/

“Todas las felicidades familiares se parecen, pero cada infortunio tiene su aspecto particular.”, de Anna Karenina (comentado).

“Todas las felicidades familiares se parecen, pero cada infortunio tiene su aspecto particular.”, de Anna Karenina (comentado).

alfa centauri

(Imagen de Alfa Centauri)

“Todas las felicidades familiares se parecen, pero cada infortunio tiene su aspecto particular.” (Anna Karenina, de León Tolstoi).

 

Hace poco, un lector de Topazul se quejó de que antes se entretenía mucho leyendo estas publicaciones, pero que ahora ellas se habían puesto “algo” aburridas. Traté de pensar qué podría haber variado en el blog que causaba esta decepción en este particular miembro de su audiencia. Concluí que tal vez extrañaba el pequeño sello personal en la forma de unas palabras de quien les escribe. Y por eso, he decidido comentar la citada frase: “Todas las felicidades familiares se parecen, pero cada infortunio tiene su aspecto particular.” Esta oración nos lleva a pensar que la felicidad familiar siempre tiene -y en forma copulativa- elementos de amor, apego seguro, y relaciones parentales y conyugales sanas, lo que estadísticamente es más difícil de encontrar al cimentarse en un estándar alto que exige que cada miembro de la familia interactúe con las demás personas que constituyen su unidad familiar en este, sino bueno, óptimo relacional. En cambio, para sufrir el infortunio familiar, basta la existencia de al menos una de las tantas causas que alteran las expectativas conyugales y parentales de un hogar: enfermedad, muerte, maltrato, desamor, abuso, etc., etc.

Quise hablar de esto porque pienso que  Tolstoi eligió a Anna Karenina y a Lievin como personajes complementarios a nivel de energías. Anna busca la felicidad en un amor sensual que la hace abandonar no sólo su prestigioso puesto social, sino a su querido hijo. Lievin encuentra la felicidad al pretender imprimir el bien en sus actos. Todos conocemos el amargo desenlace de las opciones de Anna en su vida y en la de sus seres más queridos. Ello no implica una crítica ni un rechazo míos a la búsqueda del amor sexual por parte de la mujer. En efecto, nunca entendí por qué Anna no optó por el divorcio, cuando éste era una alternativa viable para ella, ni por qué se empecinó hasta cierto punto en su “falsa posición”, como señala tantas veces Tolstoi. La crítica legítima a Anna es no esforzarse por resolver su problema romántico de manera saludable. Tal vez ello le habría hecho ver antes de embarcarse en su aventura extramatrimonial las debilidades de Vronski, quien para mí no es el prototipo de la virilidad en los arquetipos conque idealizo al “eterno masculino”. Vronski no la protegió ni remotamente del modo que ella necesitaba. No fue una pareja que la impulsare a mirarse hacia dentro ni a trabajar sus emociones negativas. El punto central que habría cambiado hasta la trama del libro, según yo, es que Anna no estaba enamorada de su marido, y no era necesario que apareciera un tercero para tomar la decisión de abandonarlo. Hay una especie de miopía en ella: se enamora de Vronski porque él satisface parte de sus necesidades como mujer. No obstante, a mi juicio la mujer evolucionada, la que se preocupa seriamente de su bienestar, ha de mirar más hondo y más allá dentro de sí: sus necesidades femeninas exceden el tipo de compañero sexual que tenga o no. Debe haber una mirada al ser luminoso, único e irrepetible que hay en cada uno de nosotros. Conocerse a sí mismo, como diría Sócrates…

 

 

“Such a charming man”, de Pride and prejudice, de Jane Austen

“Such a charming man”, de Pride and prejudice, de Jane Austen

mrs bennet

“When her mother  went up to her dressing-room at night, she followed her, and made the important communication. Its effect was most extraordinary; for on first hearing it, Mrs, Bennet sat quite still, and unable to utter a syllable. Nor was it under many, many minutes, that she could comprehend what she heard; though not in general backward to credit what was for the advantage of her family, or that came in the shape of a lover to any of them. She began at length to recover, to fidget about in her chair, get up, sit down again, wonder, and bless herself.

‘Good gracious! Lord bless me! only think! dear me! Mr. Darcy! Who would have thought it! And is it really true? Oh! my sweetest Lizzy! how rich and great you will be! What pin-money, what jewels, what carriages you will have! Jane’s nothing to it -nothing at all. I am so pleased, so happy. Such a a charming man! -so handsome! so tall!- (…)”

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez

platero

“Mira Platero, qué de rosas caen por todas partes: rosas azules, rosas blancas, sin color… Diríase que el cielo se deshace en rosas. Mira cómo se me llenan de rosas la frente, los hombros, las manos… ¿Qué haré yo con tantas rosas?” (Ángelus)